Threat Modeling es el proceso de identificar, analizar y priorizar amenazas sobre un sistema antes de que llegue a producción. No va de detectar malware o actividad ya comprometida, sino de entender qué podría salir mal, quién podría aprovecharlo y qué impacto tendría en la confidencialidad, integridad o disponibilidad del entorno. En el fondo, se trata de anticiparse al atacante mientras aún se puede cambiar el diseño.
Principalmente se divide en dos metodologías STRIDE, que organiza las amenazas en seis categorías (suplantación, manipulación, repudio, revelación de información, denegación de servicio y elevación de privilegios), o *PASTA, que integra inteligencia de amenazas y modelado de impacto, ayudan a transformar esa arquitectura en escenarios de ataque concretos y accionables.
En un contexto de inteligencia de amenazas, el threat modeling conecta el diseño con la realidad operativa permite razonar como un adversario desde las primeras fases y decidir dónde reforzar controles, segmentar la red o apretar la monitorización.
También se usa como base para crear casos de uso custom que cubren necesidades muy específicas. Por ejemplo, diseñar detecciones centradas en una TTP concreta empleada por un threat actor que está ejecutando campañas contra entidades de tu mismo sector.



